MAGAZINE ANIKA CINE
 

50 EDICION DEL FESTIVAL INTERNACIONAL DE CINE DE SAN SEBASTIÁN
 

LUGARES COMUNES
Dirección: Adolfo Aristarain
Intérpretes: Federico Luppi, Mercedes Sampietro, Arturo Puig, Yaël Barnatán...
...por Rubén Corral
 

La colaboración entre las ¿industrias? del cine argentino y español se estrecha conforme aumenta por un lado la crisis en la tierra de Maradona y por otro el éxito de taquilla de las propuestas llegadas a España desde ese país. Tras los vítores prácticamente unánimes a “Nueve reinas” (Fabián Bielinsky) y “El hijo de la novia” (Juan José Campanella) se observa una ampliación de la manga estrecha del distribuidor español de cara a traer películas de esa cinematografía a España. De este modo, hemos tenido que sufrir el film de Juan José Jusid Apasionados” o “El mismo amor, la misma lluvia”, una película de Juan José Campanella todavía más blanda que “El hijo de la novia”.

Entre los cineastas argentinos de mayor reputación en España ocupa un lugar preeminente el director de la vibrante “Martín (Hache)Adolfo Aristaráin que, tras cerca de un lustro de inactividad, se ha vuelto a poner tras la cámara con “Lugares comunes”, película presentada con buena acogida en el Festival de San Sebastián pese a que sea mucho más discutida en el país andino, y en la que no sólo se puede rastrear el apoyo a la película a través de su distribución, sino que –fruto de los contactos granjeados por Aristaráin en España tras su época aquí desplazado- también se encuentra en su propia producción.

Lugares comunes” es, probablemente, la película sobre el morrocotudo quilombo económico montado en Argentina que un público atento a la actualidad internacional estaba esperando. Responde, por ello, a las demandas de un público informado que tiene a bien –porque puede- acudir a eventos culturales como, por ejemplo, la proyección de una película no estadounidense en una sala de cine. Tras comprobar cómo en los comentarios de “Nueve reinas” e incluso en “El hijo de la novia”, algunos colegas lograban extraer de la nada referencias a la profunda crisis argentina –entonces a punto de eclosionar-, no resultará nada extraño que surjan propuestas más evidentes, como esta, dispuesta a contentar a los mismos lectores que así creyeron aquellas interpretaciones interesadas.

Sin embargo, y pese a que la película protagonizada por Federico Luppi y Mercedes Sampietro (probables aranceles al régimen de coproducción) se beneficia de un director hábil como Aristaráin, “Lugares comunes” no logra escapar a la sensación de ser una película destinada a agradar y a hacer asentir al patio de butacas. Las reflexiones que desparrama el guión del propio director y de Katy Saavedra no se encuentran tan bien hiladas como en “Martín (Hache)” y, al menos desde mi punto de vista, no hacen honor al trabajoso prestigio que Aristaráin se ha labrado a lo largo de no demasiadas películas. Entre esas reflexiones, las que toman más cuerpo son las que hacen referencia a las consecuencias directas de la crisis: Fernando es prejubilado por decreto de su cargo como profesor de literatura en una universidad porteña y debe afrontar, junto a su esposa, un futuro que –por arte de birlibirloque- un gobierno chorizo y corrupto les ha negado.

De camino a un desenlace de tono desmedidamente alto (si bien no había manera de levantar, convencionalmente hablando, el drama) vemos a Fernando, un intelectual de izquierdas desengañado de la política e incluso de sus propias convicciones, renunciando a la casa en la que ha vivido toda su vida junto a su esposa, compartiendo cenas con amigos y discutiendo sobre Cuba como falsificación del socialismo real, reprochando a su hijo el que se haya vendido al sistema tras abandonar su actividad como escritor y emigrar a España en busca de una vida en una urbanización de las afueras de Madrid y un trabajo que no le satisface junto a una esposa a la que no desea. Vemos a Fernando pidiendo créditos y aceptando chanchullos de sus abogados, plantando lavanda y entregando ejemplares de “Alicia en el país de las maravillas” a una niña. Vemos a Fernando paseando por el monte y tomando leche con miel ante el enfado de Lili, su mujer. Vemos, a fin de cuentas, una película de apariencia autobiográfica que, a la postre, se cierra. Y se cierra mal, a destiempo y sin razón.

Cinematográficamente hablando, el cine de Aristaráin –ni siquiera en “Martín (Hache)”, lo sabemos- nunca ha pasado de la funcionalidad, del respaldo al discurso que, en esta ocasión todavía más que en anteriores tiene menos mesura y se asemeja cada vez más a una pataleta que es un tango interpretado por un Federico Luppi fondón e inspirado como siermpre. Cine argentino en el peyorativo sentido de la expresión: demasiado ligado a la palabra y demasiado poco interesado en la narración. Eso sí, dice verdades como puños.
 

Rubén Corral
 

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(c) Críticas aportadas por LaButaca.Net en colaboración con Anika Cine Magazine.

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