MAGAZINE ANIKA CINE
 

50 EDICION DEL FESTIVAL INTERNACIONAL DE CINE DE SAN SEBASTIÁN
 

LA VIE PROMISE
Dirección: Olivier Dahan
Intérpretes: Isabelle Huppert, Maud Forget
...por Rubén Corral
 

Con motivo de la crítica del film de Michael Haneke “La pianista” aseguraba que Isabelle Huppert puede ser, a estas alturas de siglo, la mejor actriz que puede una persona encontrarse en una pantalla de cine. Aseveración que mantengo tras la proyección de “La vida prometida” (La vie promise, Olivier Dahan, 2002), un disparate de proporciones bíblicas que se vende como una aparatosa mezcla de drama generacional, de gángsters y road-movie. Por descontado que Huppert –a la que engañan para teñirse de rubio, vestirse como si tuviera diez años menos y fuera una prostituta- no logra hacer levantar el vuelo de una película obtusa, enmarañada, arrítmica, lenta y confusa. Tampoco el guión de Agnès Fustier-Dahan (sospechoso segundo apellido, ¿no?) da pie a mucho lucimiento: ninguno de los personajes que circulan por el celuloide proyectado tiene la suerte de estar esbozado. Por un lado está Sylvia, la prostituta a la que ni siquiera Isabelle Huppert logra dar vida, una mujer con más pasado –por más que se nos escatime y falsee con insolencia- que futuro, en plena huida junto a una hija enferma (Maud Forget) de la que nunca se ha hecho cargo. Por otro lado tenemos un antiguo marido de Sylvia, y un hijo que aparece en el muestrario de recuerdos floridos y pedantes de la protagonista cuando ya no hay ningún interés en soportar la proyección. Y, por si fuera poco, una especie de matón que transporta cosas de un lado a otro de la frontera germano-alemana, que tiene el don de la omnipresencia pese a que nunca sabremos nada de él. Pese a que sea el segundo personaje por líneas de diálogo en esta ¿historia?

Por medio hay muchos planos cortos de flores en Súper 8 o en 16 milímetros, hay luces de neón en pleno campo, diálogos de supuesta profundidad junto a un río que provocan vergüenza ajena, algunas risas no disimuladas en el patio de butacas, filosofía de derribo, planificación indiscriminada, Isabelle Huppert disfrazada de Madonna dentro de una serie de flashbacks prescindibles, reiterativos, aburridos.

La presencia de la actriz protagonista de “Gracias por el chocolate” en semejante desaguisado se explica por razones pecuniarias. Pero la presencia del productor... Sea quien sea... Es inconcebible. Su presencia en las pantallas españolas obedecería a ausencia de raciocinio o inteligencia en los distribuidores. Cine francés, hoy en día, lo hay –seguro- mejor que “La vida prometida” o “Los diablos” (Les diables, Christophe Ruggia, 2002). De hecho, pensando en que no han visto la luz en España los últimos trabajos de Olivier Assayas, Jean-Louis Stévenin o Arnaud Desplechin uno cree que es imposible que haya películas peores que traer. Ni siquiera las segundas partes de “Los visitantes” o de las infames violaciones de los cómics de Astérix.
 

Rubén Corral
 

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(c) Críticas aportadas por LaButaca.Net en colaboración con Anika Cine Magazine.

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