MAGAZINE ANIKA CINE
 

50 EDICION DEL FESTIVAL INTERNACIONAL DE CINE DE SAN SEBASTIÁN
 

UN HOMBRE SIN PASADO
Dirección: Aki Kaurismäki
...por Mateo Sancho Cardiel
 

Aki Kaurismäki es lo que se dice un verdadero autor, posesor de un estilo, casi de un lenguaje propio en el que enreda a todos los personajes de sus historias y del que trata de hacer partícipe al espectador película a película. En esta ocasión, con “El hombre sin pasado” vuelve a fabricar una fábula en la que la verosimilitud se convierte en algo secundario y la locura en el engranaje fundamental del complejo pero ligero, grácil y elegante motor de esta historia.

Un hombre sin pasado” es la visión personalísima de Kaurismäki sobre uno de los temas preferidos del cine: la amnesia. Huelga decir que el director islandés no ha tenido como referencia ni un “Recuerda” de Hitchchock ni un “A propósito de Henry” de Nichols, aunque sí heredaría de la figura del maestro de suspense el macguffin, puesto que esa pérdida de la memoria no es más que una mera excusa para sustentar un desfile de personajes excéntricos, algunos geniales otros más forzados, de situaciones ingeniosamente creativas en el circo que se reúne en una pequeña y humilde localidad en la que el más adinerado es el que tiene una cochambrosa lavadora, carne de desguace, en su contenedor. Allí es donde va a parar nuestro protagonista, un buen hombre amante del blues y del rock and roll, que no puede reiniciar su vida sin documentos, nombre ni pasado y que irá deambulando hasta toparse con una organización de ayuda a los necesitados en la que conocerá al amor de su vida, una envarada asistente social.

Pero, como decía, la historia es lo de menos. Lo mejor de esta película hay que encontrarlo en los golpes de genialidad, de surrealismo mezclado con ternura y delirio, que Kaurismäki coloca en su acertadísimo guión. Con ello, corre el riesgo de no mantener su gran nivel durante todo el metraje y “Un hombre sin pasado” se resiente en ocasiones por ello, por un exceso de confianza en el poder de fascinación del mundo propio de su creador. Encontrar la belleza en lo rematadamente mugriento es una labor loable, y su consecución, aunque sea irregular, es digna de reconocimiento. Porque, aunque se sustenta sobre una estética característica del cine europeo, lo que transmite no es un ambiente espartano, por no decir pobre, es un entrono acogedor y refrescante, un mundo fuera de las influencias de la modernidad y las tensiones del trabajo que acaba por borrar el patestismo y conquistar nuestro gusto.

A través de un policía deliciosamente usurero o de una historia de amor que, a pesar de estar protagonizada por antihéroes, destila el más puro romanticismo, la película nos muestra destellos de verdadero arte. Por ello, quizá, es más agudo el contraste entre esos momentos de genialidad y otros de cine más convencional, dentro de lo que una película de Kaurismäki admite, y, si a ello sumamos la gran expectación que su impresionante currículo había despertado, uno no puede evitar sentir una mínima decepción a la salida de la proyección. Sin embargo, la hábil y sabia memoria tamiza con gentileza los mejores momentos de esa película para instaurarla en el recuerdo como una insólita lección de humor del bueno y, sobre todo, del único y auténtico, espolvoreado de optimismo y sin concesiones a la nostalgia, de Aki Kaurismäki.
 

Mateo Sancho Cardiel
 

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(c) Críticas aportadas por LaButaca.Net en colaboración con Anika Cine Magazine.

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