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Festival de Cine de San Sebastián 21 GRAMOS |
CRITICAS DE CINE(c) Ciberanika.com (c) Eñaut Mateos Gómez (c) LaButaca.net
[volver] El alma que se va (*****)
Por Rubén Corral
La segunda película del director mexicano Alejandro González Iñárritu se ha ido a Estados Unidos. Pero con el realizador de Amores perros se han ido el músico, el director de fotografía y el guionista Guillermo Arriaga. Todos ellos estaban junto al director para maquinar el brutal debut cinematográfico de González Iñárritu. De este modo, esta 21 grams, película granítica, tremenda y apasionante está conducida en pantalla por tres actores de la industria estadounidense, pero está revestida, ordenada, calculada y presentada desde un punto de vista que encaja resueltamente con una visión de la vida y, sobre todo, con una opinión muy clara al respecto que ya habíamos podido ver antes.
Con ello no digo que 21 gramos sea una continuación de Amores perros. Ni siquiera que traten temas similares. Es algo que está por encima de eso, y que supongo que es la impronta de autor. Ésa que intuíamos a González Iñárritu cuando tomó la alternativa con su crudo debut y que confirma con su triunfo en la aventura en el país del tío Sam. Señas de identidad que pasan por una visión muy crítica de casi todas las instituciones de nuestra sociedad (política, religión, familia, justicia) y un interés por construir siempre que puede la imagen más bella e impactante posible, sin que ello signifique claudicar ante la belleza del instante y el descuido del conjunto: el montaje ocupa una parte fundamental, crucial en el cine de González Iñárritu. Su preocupación por el devenir argumental del film queda, con ello, a salvo de toda duda.
Por partes. Como en Amores perros, la película posee una estructura temporal que puede calificarse acertadamente como arbitraria, como artística, como no lineal. Incluso, alguno lo ha dado en llamar cubista. Eso sería ir demasiado lejos para describir una forma de ordenar el relato que ahonda en las posibilidades de desordenar las secuencias o parte de ellas. Se trata de una disposición musical, a la manera en que los maestros del jazz atacan en solitario el leit motiv de una composición al principio de su interpretación para ir revistiéndola posteriormente de más instrumentos o variaciones. O para los más modernos- de igual manera en que un dj busca resaltar fragmentos de la composición original a remezclar mediante los recursos de que dispone con el fin de crear una nueva composición dedicada al baile o a otras lides.
En el caso de 21 gramos el montaje propuesto por González Iñárritu consigue hacer destacar aún más el de por sí extraordinario trabajo de los actores. El trio protagonista (Sean Penn, Naomi Watts y Benicio del Toro) lleva a cabo una labor memorable, pero la manera en que dispone la película sus momentos los hace todavía ganar en expresividad e intensidad. De igual manera en que el montaje propuesto por Lars Von Trier a la decepcionante Bailar en la oscuridad (Dancer in the dark, 2000) pretendía preñar de momentos climáticos la interpretación de la cantante islandesa Björk a través del corte indiscriminado y conseguía precisamente el efecto contrario al de emocionar al espectador, es decir, irritar-, con el de 21 gramos González Iñárritu actúa de gran director de la orquesta, contrapesando, compensando, llevando la mirada al paisaje cuando conviene, llevándola a los secundarios, llevándola a los grandes momentos de las interpretaciones, mimando al actor con un ritmo exacto, con una fotografía sensacional.
Ante el trabajo de dirección de intérpretes el nombre que más me venía a la cabeza mientras asistía a la proyección en versión original en inglés, porque el doblaje de esta película seguro dejará muchísimos matices en el tintero- de la película era el de John Cassavetes. El también actor y genial, inimitable director norteamericano consiguió filmar en sus películas algunas de las escenas más terribles, convincentes y emocionantes que un director pueda ni siquiera llegar a soñar. Al igual que el director de Minnie and Moskowitz, González Iñárritu deja rienda suelta al talento de sus intérpretes, los respeta y los filma en continuidad, privilegiando una vez más la labor creativa del actor. En secuencias particularmente complicadas, la experiencia vivida por los actores puede llegar a ser equiparable a la de un momento climático sobre el escenario de un teatro abarrotado. Y Benicio del Toro arrodillado solo ante un altar pidiendo dejar de ver a sus hijos, Naomi Watts besando apasionadamente a Sean Penn y echándolo a los pocos segundos de su casa, o el propio Penn intentando disparar a Del Toro responden a la confianza depositada por el director con actuaciones sin fisuras. Perfectas.
Sin duda una de las películas del año, 21 gramos habla de los temas ya expuestos más arriba, pero sobre todo habla de la vida, que sigue y que no se detiene para esperar a nadie, sobre el heroísmo cotidiano (aquí González Iñárritu está mucho más inspirado que en su decepcionante aportación a la obra colectiva 11 09 01), los padres y los hijos, la educación y los desgarros del alma, que también se los encuentra.
Esta sección está elaborada entre La Butaca y Anika Cine Magazine. Esperamos que el año que viene el FESTIVAL de Cine de San Sebastián se rasque un poco el bolsillo y nos conceda las acreditaciones que necesitamos para cubrir el evento con más detalle.FIRMAS:
Eñaut Mateos Gómez (Anika Cine Magazine)
Rubén Corral (La Butaca)
Mateo Sancho Cardiel (La Butaca)